Emprender en España continúa siendo, para la mayoría de la población, una tarea compleja y plagada de dificultades. Así lo refleja el Barómetro del Empresario 2026, que sitúa en un contundente 85 % el porcentaje de ciudadanos que considera que crear una empresa en nuestro país no resulta sencillo. La percepción general apunta a obstáculos estructurales que, lejos de resolverse, se han consolidado en los últimos años.
Entre las principales barreras señaladas destacan la falta de capital inicial y el exceso de burocracia, dos factores que tradicionalmente han frenado la iniciativa privada. Los encuestados subrayan que acceder a financiación sigue siendo complicado, especialmente para quienes no cuentan con avales o respaldo patrimonial. A ello se suma un entramado administrativo que ralentiza los trámites y eleva los costes.
El informe también recoge que una parte significativa de la población se habría planteado emprender en el pasado. Sin embargo, la inseguridad jurídica, la presión fiscal y la inestabilidad normativa han terminado por disuadir a muchos potenciales empresarios. La sensación de riesgo supera, en demasiadas ocasiones, a la expectativa de oportunidad. Pese a este escenario adverso, la valoración social del empresariado es mayoritariamente positiva. La ciudadanía reconoce el papel clave de las empresas en la creación de empleo y riqueza, lo que pone de relieve una paradoja: se aprecia la figura del empresario, pero no se facilita el camino para que surjan nuevos proyectos.
¿Por qué emprender en España resulta tan complicado en 2026?
El exceso de burocracia en España continúa siendo uno de los principales lastres para la actividad económica. Constituir una sociedad, obtener licencias o cumplir con obligaciones fiscales implica procesos largos y costosos. Esta realidad contrasta con otros países europeos donde los trámites se simplifican mediante ventanillas únicas y procedimientos digitales más ágiles.
La falta de financiación para emprendedores es otro de los factores determinantes. Aunque existen líneas de crédito y ayudas públicas, muchos ciudadanos consideran que no son suficientes o que están sujetas a requisitos difíciles de cumplir. La banca mantiene criterios restrictivos, especialmente en proyectos innovadores o impulsados por perfiles jóvenes.
Además, el entorno regulatorio es percibido como cambiante. Las modificaciones fiscales frecuentes y el incremento de cargas administrativas generan incertidumbre. Para numerosos expertos, esta situación desincentiva la inversión y penaliza la cultura del esfuerzo y la iniciativa privada, pilares esenciales en cualquier economía dinámica.
Mujeres y jóvenes, los más afectados por las barreras estructurales
El Barómetro del Empresario 2026 destaca que mujeres y jóvenes perciben mayores dificultades para emprender. En ambos casos, la falta de ahorros previos y el acceso limitado a redes de financiación agravan el problema. La brecha de oportunidades no solo es económica, sino también estructural.
En el caso de los jóvenes, la precariedad laboral y la elevada tasa de desempleo dificultan la acumulación de capital. Para muchas mujeres, la conciliación y la inseguridad financiera añaden presión a la hora de iniciar un negocio. Estas circunstancias evidencian la necesidad de reformas profundas orientadas a facilitar la actividad emprendedora.
Desde una perspectiva crítica, resulta evidente que sin una reducción de impuestos, simplificación administrativa y estabilidad normativa, el discurso político a favor del emprendimiento queda vacío. Si se quiere fomentar la creación de empresas en España, es imprescindible eliminar trabas y reforzar la seguridad jurídica.
El reconocimiento social del empresario no basta sin reformas reales
A pesar de las dificultades, la mayoría de los encuestados valora positivamente el papel del empresariado en la economía. Se reconoce que las empresas son responsables de la generación de empleo y del crecimiento económico, especialmente en un contexto de desaceleración.
Sin embargo, el reconocimiento social no sustituye a las reformas estructurales. Sin un entorno favorable, el talento opta por marcharse o por renunciar a sus proyectos. La competitividad de España depende, en gran medida, de su capacidad para atraer y retener iniciativa privada.
El mensaje que deja el Barómetro es claro: la sociedad aprecia al empresario, pero exige cambios. Facilitar el emprendimiento en España no debería ser una consigna política, sino una prioridad estratégica para garantizar prosperidad y empleo estable.
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